Donde está la oposición ¿y el PRD?

Santiago López Acosta

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) ha sido la versión más acabada de la izquierda mexicana, desde su fundación el 5 de mayo de 1989 hasta hace pocos años, con la aparición de Morena, que se dice de izquierda, pero es una amalgama extraña, desde el punto de vista político e ideológico.

El PRD surge de la convocatoria de Cuauhtémoc Cárdenas después de las controvertidas elecciones de 1988, donde incorpora los principales liderazgos y bases de la izquierda histórica de este país y la corriente democrática del PRI, el ala socialdemócrata del entonces partido en el poder.

Significo la integración de muchos grupos y organizaciones políticas de izquierda, hasta ese entonces sumamente disgregada, casi pulverizada, desde el viejo Partido Comunista Mexicano fundado en 1917, que finalmente obtuvo su registro legal con la reforma política de 1977, y en los intentos de fusión se convirtió en el Partido Socialista Unificado de México, y con la incorporación del Partido Mexicano de los Trabajadores se creó el Partido Mexicano Socialista (PMS), cuyo candidato presidencial en 1988, el ingeniero Heberto Castillo, declino la misma en favor del también ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

El ingeniero Cárdenas desoyó los llamados a la insurrección, después de las elecciones de 1988, y opto por la vía institucional convocando a la creación del PRD, el cual obtiene su registro por la cesión que hace el PMS.

Desde su creación hasta 2018, el PRD fue el principal referente de la izquierda mexicana, aun y cuando surgieron otras organizaciones con esa tendencia, que entraron y salieron del escenario político, siendo el Partido del Trabajo el más persistente y existente hasta la fecha.

El presidente Andrés Manuel López Obrador fue presidente del PRD y dos veces candidato presidencial del mismo partido, en 2006 y 2012, además de jefe de gobierno del Distrito Federal, ahora Ciudad de México, de 2000 a 2006.

El propio López Obrador fundo su movimiento de regeneración nacional dentro del seno del PRD, y después de las elecciones de 2012 los “chuchos”, el grupo al interior denominado Nueva Izquierda, encabezado por Jesús Ortega y Jesús Zambrano, logran controlar la dirección del partido, además de que participan activamente en el denominado Pacto por México, convocado por el gobierno de Enrique Peña Nieto y su partido y intervención protagónica del PAN, situaciones que son los detonantes para la salida del partido de Lopez Obrador y la fundación de Morena, que obtiene su registro como partido político nacional en 2014.

Desde 1991 hasta 2012 tuvo avances sostenidos en sus logros electorales convirtiéndose en la segunda fuerza política nacional en 2006, alcanzando casi 30 puntos porcentuales de la votación nacional y la segunda bancada, tanto en la cámara de senadores como de diputados, además de triunfos en gubernaturas como Michoacán, Guerrero, Zacatecas, Nayarit, Baja California Sur, su bastión principal la Ciudad de México y en alianza con el PAN en otras entidades federativas.

El proceso electoral de 2006 fue el momento más cercano para alcanzar la presidencia de la república, en la primara candidatura de Andes Manuel López Obrador, cuya historia y desenlace es de sobra conocido.

El rompimiento de López Obrador con la nomenclatura partidista y la fundación de Morena, significo el principio de la desarticulación y desplome del PRD, con la salida de múltiples liderazgos, los cuales se llevaron sus bases, siguiendo a Lopez Obrador, y es claro que el fortalecimiento inicial de Morena está directamente relacionado con el decrecimiento del PRD. En la primera participación de Morena en 2015 obtiene casi el 9 por ciento de la votación nacional, mientras que el PRD solo alcanza casi el 11 por ciento.

El trasvase mas grande de los liderazgos y la militancia perredista hacia Morena se realiza de manera más drástica y profunda en el proceso electoral de 2018, donde su alianza con el PAN le resulta contraproducente, y como toda la oposición, es avasallado con el apabullante triunfo de Lopez Obrador y Morena, reduciendo su votación al 5,27%.

Los augurios para la elección de 2021 fueron muy sombríos para el PRD, incluso la posibilidad de la perdida del registro como partido político nacional, por lo que no tuvo alternativa, mas que aliarse con el PAN y el PRI, apuesta que sin duda le rindió frutos, pues fue la base de flotación para alcanzar apenas el 3,77% de la votación nacional y la más escasa bancada que tendrá en la cámara de diputados, pero apenas suficiente para mantener el registro como partido político.

Perdió la única gubernatura que ostenta en Michoacán, y sus derrotas en los ámbitos regionales y municipales es de enormes proporciones. Su participación en la coalición Va por México fue determinante para mantenerse, por lo que no tienen opción, sino continuar en la misma, aunque sea de forma marginal.

El protagonismo electoral del PRD no llego ni a las tres décadas y su desmoronamiento acelerado durante los últimos años parece que nada ni nadie lo puede detener.

Intentar un ejercicio de reconformación, reconstrucción, refundación o como se le quiera llamar, se antoja extraordinariamente complicado, pero invariablemente necesario.

Algo tendrán que buscar los liderazgos que quedan para no quedarse en la inmovilidad y la inercia, pues de ser así el final está muy cerca, del otrora gran partido de la izquierda mexicana, pero si es así, lo más probable es que pase a la historia.

 

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