Democracia herida y en riesgo

Tiempo político

Santiago López Acosta

El 6 de enero pasado se conmemoró el primer aniversario de la toma del Capitolio por una turba de más de dos mil simpatizantes y partidarios del entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que buscaban impedir la sesión del Congreso de ese país para formalizar el triunfo electoral de Joe Biden y su toma de posesión el 20 de enero del mismo año.

Los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre de 2020 fueron contundentes, obteniendo Biden más de 81 millones de votos populares, contra 74 de Trump, esto es, con una diferencia de más de 7 millones de votos de los ciudadanos. Esto se confirmó con la mayoría de los votos electorales de los estados de la Unión Americana, dentro del vetusto sistema electoral norteamericano, donde no siempre coinciden, como sucedió con el triunfo de Trump en 2016 sobre Hillary Clinton, donde ésta obtuvo más de 3 millones de votos populares por encima de aquél, pero ese personaje logró mayoría de votos electorales de los estados y fue presidente de EE. UU.

El 6 de enero de 2021 el mundo fue testigo de un hecho inédito, donde se puso en entredicho la solidez de la democracia moderna más antigua y consolidada que hemos conocido. Los EE. UU. desde su fundación, hacia finales del siglo XVIII, con la unión de las antiguas 13 colonias inglesas originales, se convirtió en un Estado nuevo y moderno, con instituciones innova[1]doras que han sido modelo a seguir en muchas partes del orbe, como el presidencialismo como forma de gobierno, el federalismo como forma de organización política territorial, el sistema de control constitucional difuso del poder judicial y la democracia como sistema político, electoral y de gobierno, donde los ciudadanos juegan un papel protagónico y central, entre otras importantes aportaciones.

Desde las elecciones primarias en el partido republicano en 2016, Donald Trump nunca expresó que aceptaría los resultados cuando le fueran adversos y fue marcando un discurso excluyente y polarizarte que continuó durante su gestión como presidente, mismo que mantiene hasta la fecha, y sigue sin aceptar los resultados en su contra en el 2020, reiterando que le hicieron fraude.

La toma del Capitolio de hace un año ha sido calificada como un intento de golpe de estado, promovido desde la propia presidencia de los EE. UU., sin siquiera tratar de detener el asalto donde murieron cinco personas y se están procesando a más de 700 participantes. Se detuvo este terrible intento por la actitud respetuosa hacia las instituciones de las fuerzas armadas y policiales, que lograron evitar que agredieran a los congresistas, los cuales pudieron sesionar y completar su compromiso constitucional.

El discurso del presidente Bi[1]den del pasado 6 de enero fue duro y contundente contra Trump, sin mencionar su nombre, “no puedes amar a tu país solamente cuando ganas” fue la frase más difundida, y por supuesto la defensa de la Constitución y la Democracia de los EE. UU., después de un hecho donde fueron flagrantemente dañadas.

La Cámara de Representantes formó una comisión para la investigación de los hechos, además de los procesos que se siguen a muchos de los participantes, donde un buen número serán castigados penal[1]mente, sobre todo para acreditar la responsabilidad de Trump y su círculo cercano, y cada vez conocemos más información, como los intentos de Ivanka Trump para que su padre detuviera el ataque, incluso pidiéndole intervención al presidente ruso Vladimir Putin, el cual declinó la petición.

Sin embargo, el riesgo se mantiene latente, porque si esa comisión no logra resultados rápidos, en noviembre próximo habrá elecciones legislativas y si los demócratas no logran mantener la mayoría en esa Cámara, los republicanos seguramente la desintegrarán. Digo esto porque los principales líderes de ese partido, que hace un año se desmarcaron de Trump, por la toma del Capitolio, ahora se han echado para atrás, haciendo un cálculo electoral basado en los pobres resultados de la gestión de Biden, y apoyan al que sigue siendo el principal líder republicano, quien buscará ser nuevamente candidato presidencial en 2024.

El segundo impeachmeant o juicio político contra Trump en curso se ve complicado que pueda proceder, pues los demócratas no tienen los votos suficientes en el Senado para alcanzar ese cometido y poder inhabilitar a Trump para ser candidato en 2024. Sin embargo, si se acredita su participación en al asalto al Capitolio, lo que para muchos es más que evidente, podría ser suficiente.

Más del 70% de la base republicana de los EE. UU. sigue creyendo que las elecciones de 2020, donde perdieron la presidencia, fueron fraudulentas, pese a que no hubo pruebas que así lo acreditaran, y fueron validadas incluso por todas las autoridades republicanas en su momento, y sigue siendo objeto de las estrategias propagandísticas de Trump, aunque carezcan de veracidad y su figura esté sumamente denostada y desacreditada.

El riesgo para la democracia estadounidense sigue latente mientras no se contenga la posibilidad del regreso de Trump al poder, sin descartar que en el futuro pueda presentarse algún otro personaje similar. Si el sistema democrático más importante del mundo se encuentra en esa tesitura, qué podremos esperar en otras jóvenes democracias en el mundo, que no tienen la fortaleza y consolidación de aquélla. Por eso es tan importan[1]te estar atentos al devenir de esa coyuntura, pues su desenlace tendrá consecuencias más allá de sus fronteras, para bien o para mal.

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