DE LOS VIEJOS ZAPATITOS Y EL VIEJO TAMBOR

JOSE CARLOS GUERRA AGUILERA

 “Se me rompió el corazón al ver el sufrimiento

de tantos niños y niñas pequeños,

incluidos bebés, en la frontera

mexicana con Estados Unidos”

Jean Gough, Directora Regional de UNICEF.

1.- Hace casi dos años escribí “DE NUESTRO VIEJO TAMBOR” y hoy retomo y recuerdo que el villancico indica: “El camino que lleva a Belén/ baja hasta el valle que la nieve cubrió. / Los pastorcillos quieren ver a su Rey, le traen regalos en su humilde zurrón al Redentor, al Redentor. / Yo quisiera poner a tu pies algún presente que te agrade Señor, /más Tú ya sabes que soy pobre también, y no poseo más que un viejo tambor. (…) El camino que lleva a Belén voy marcando con mi viejo tambor, nada hay mejor que yo pueda ofrecer, /su ronco acento es un canto de amor (…).”

2.- ¿Cuantos viejos tambores tenemos?; ¿Cuántos caminos a Belén no hemos recorrido? ¿Cuántos regalos hemos desviado u omitido? ¿Cuántos ruidos hemos producido que son cantos, quejas y pedimentos vacuos? ¿Cuantos zapatitos viejos no hemos visto?

3.- Alguna vez soñé en pisar Belem, una pequeña ciudad cerca de la amurallada Jerusalén; cuyo significado, ahora me entero, es “casa de pan”, y que está allá en Palestina; ahora sé que está llena de musulmanes y de cristianos, pero ahora el porcentaje de cristianos en muy pobre. Alegóricamente  hay viejos tambores.

4.- Hoy en medio de los ruidos modernos, nos olvidamos de muchas cosas: en una misa de domingo un sacerdote mencionó una plegaria para los niños encarcelados y separados de sus padres en los Estados Unidos. Hoy conozco con tristeza profunda, que muchos niños son desplazados, que van caminando, unos solos, otros acompañados, otros “encargados”, con viejos zapatitos con el carácter de migrantes.

5.- En internet en Google me informo: casi 120 mil niñas y niños migrantes han cruzado hacia Estados Unidos solos, huyendo de la violencia y la pobreza. En muchos albergues mexicanos, los niños, niñas y adolescentes representan al menos el 30 por ciento de la población migrante. La mitad de ellos han viajado sin sus padres, lo que supone la mayor proporción jamás registrada en México. México se ha convertido en un país de origen, tránsito y retorno para estos niños, niñas y adolescentes migrantes que provienen en su mayoría de Honduras, Guatemala, El Salvador y México.”

6.- Ahora sé qué hace dos años en el vecino país, eran más de catorce mil, enjaulados, arrancados de sus progenitores; ahora sé que esta Noche Buena debió ser espantosa, para esos niños sin zapatitos y sin un viejo tambor, debió ser gélida; que esta Navidad, no hay preocupación mundial por esos rehenes del odio, por esos secuestrados, en ese país y este país, muchos niños están en verdad, archivamos en el olvido, nuestra pobreza de solidaridad, los ha dejado solos, en medio de otros quehaceres, de vacuas felicitaciones, de deseos de prosperidad para el “nuevo” 2022, a pesar de lo que vivimos.

7.- No son ellos, esos niños migrantes, nuestros hijos, ni nuestros parientes cercanos, ni lejanos y no son lugar de noticias. La lejana y legendaria Belem donde nació aquel niño que también huyo con sus padres, en medio de los niños asesinados, parece ser solo un símbolo, ahora casi sin cristianos que la habitan. Viejos zapatitos y destrozados tambores…

31 de diciembre de 2021.

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