DE LAS PALABRAS, DE LA DESILUSIÓN

JOSE CARLOS GUERRA AGUILERA.

“México no necesita tanto un líder político (…) Por lo que clama es por un líder moral, que sirva de ejemplo y de inspiración a todo el país”

Carta del 4 de diciembre de 1970 al “Al primero y al último ciudadano de esta República.”

DANIEL COSSIO VILLEGAS.

“Dije que no es mi fuerte la venganza, y que si bien no olvido, sí soy partidario del perdón y la indulgencia (…)”

señor Andrés.

1.- Cuando la inteligencia brilla, por ejemplo, en los textos bíblicos, nuestro pensamiento que debe ser humilde siempre para aprender, parece, frente a los ruidos, a las vaguedades, a los lugares comunes, me parece un aliciente, para seguir siendo pensantes, para caminar a las verdaderas luces.

2.- De repente un día, el maestro – no el profesor- Jorge Gordillo me asomó a leer a Antonio Navalón; otros días había anclado -gozoso- con la prosa -qué prosa- de Federico Reyes Heroles, en su libro Orfandad; y de vez en vez, persigo sus ideas, en periódicos.

3.- Hace tiempo me encontré con estas frases, en su ensayo “La ponzoña”: Atrás sólo anécdotas, el día cero de la historia nacional era la toma de posesión del señor presidente. Nos quejamos hasta el hastío, pero, en el fondo, ése era y es el patético sueño de muchos mexicanos. Que el todo poderoso se encargue. Qué fácil. En ese sueño muy popular el ciudadano endosaba, firmaba por adelantado para así desentenderse de los asuntos públicos. Si el Presidente salía malo o ratero o lo que fuera, ni modo, había que esperar a que llegara un nuevo redentor. La vida pública en cómodas entregas sexenales. Pero descubrimos que el país no era lo que debía ser y los dedos flamígeros señalaron el presidencialismo de los todopoderosos como el gran responsable de la parodia nacional. Poco dijimos sobre el sueño presidencialista instalado en nuestras cabezas, de esa parte de nuestro parapeto cultural guardamos silencio de los múltiples pactos de mutua corrupción que de allí se desprendían, ustedes nos dan obra pública y nosotros fingimos demencia con las “cuotas”; ustedes asignan presupuesto discrecionalmente en favor de nuestro pueblo, municipio, región, estado, corporación, partido o empresa y nosotros a chiflar. Que roben, pero salpiquen, era la moneda de curso en el mercadeo de nuestra vida pública. (…).”

4.- Reitero mucho de lo escrito: en diciembre de 2018 escribí: “No hay nada más seductor que las palabras. No necesita alguien tener lo que se llama carisma, a veces una humilde frase puede ser la clave para engañar, para enamorar, para seducir, para doblegar. Las palabras son la base de la política y de la falaz publicidad. La palabra puede enamorar y quien sabe bien o mal utilizarla, adquiere potestad, dominio”. De acuerdo con Álex Grijelmo, en su libro sobre el uso de las palabras, “(…) la palabra es un embrión de ideas que ocupa un lugar primordial en nuestro cerebro. Posee dos valores, el personal (ligado a nuestro estilo de vida) y el hereditario”.

5.- Hubo una voz, el 1 de diciembre de 2018, que denunció: “Ahora, nosotros queremos convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno.” (señor Andrés). Que lejos estamos de esto. ¿Dónde está la fraternidad? ¿Hay honestidad?

6.- “La altura moral de un gobernante no se mide por la belleza abstracta de sus ideas o principios.” Indica con certeza Enrique Krause y continua “La altura moral de un gobernante se mide por la traducción concreta de sus ideas y principios” (ver Exigencia, Periódico Reforma, 2 de diciembre de 2018).

7.- Escribí hace dos años: “El ser humano encanta con las palabras, seduce, emboba. Según su uso, su fuerza, su tono, redundará de una manera o de otra, siempre tratará de atrapar, de sugerir, de cambiar voluntades, de seducir, de convencer, de transportar una ideal al cerebro del receptor y que ésta se reproduzca. Ante el desfile de palabras y frases, queda nuestra duda y nuestra esperanza. Una sola persona no podrá verificar todo lo que ofrece, dice y promete. Y me pregunto dónde será la bodega del viento, ya que, se dice, las palabras se las lleva el viento…”

8.- A dos años de la llegada del señor Andrés, hemos visto de todo: un torrente de reformas y deformas legislativas; decretos sin juridicidad, dictados sin sustento y al parecer por capricho; el desabasto de medicinas; burlas, ofensas; gobernadores mansos, obedientes y otros, una tercera parte de todos, con agallas; Renunciantes con valentía. Ciertamente no existía hace dos años, ni hace un año la pandemia; pero hoy políticamente hay poca esperanza.

9.- El señor Andrés ha dividido el país, el señor ha perdido muchas oportunidades, el señor se cree el guardián de las elecciones muy próximas, el señor cada día desprecia a los periodistas, a los analistas, del extranjero y del país; el señor parece no ser sensible, ante la crisis de salud y los gravísimos problemas económicos; el señor parece está permanentemente en campaña; el señor verifica sólo sus proyectos consentidos; el señor sigue injuriando a quienes no están (o estamos) de acuerdo con él. Sus palabras ya no convencen. Se cumplen dos años de un torrente de palabras, de contradicciones, de bravuconadas.

10.- Y de todo esto nos enterados por lo que leemos, en periódicos, por lo que nos avientan en WhatsApp, lo que nos muestran en Facebook. Los leyentes, los lectores, los mirones estamos atrapados en la ciénega de las lenguas, en los laberintos de los sofistas y pareciera que tendremos el año que entra, una elección de hartazgo. No conocemos aun a ningún precandidato que parezca más o menos “limpio”, impoluto. Y en el huracán de declaraciones, en el remolino de burlas, en el fondo no encontraremos verdades, parece que la verdad llegó a su fin y navegan solo las diatribas, las burlas, los menes, las descalificaciones y hasta las mentadas.

11.- El electorado huira probablemente, se refugiará en algo que no le produzca asco. La llamada oposición fragmentada: los partidos ya están partidos. Y nosotros llevamos ya dos años que parecen largos, y estamos cerca de nuestra única oportunidad de castigar con el voto, y con una pandemia que parece llegó para quedarse.

12.- En estos dos años de campaña de ese señor, los llamados partidos políticos del dizque oposición, siguen sin unirse; es posible que el PRI, de donde provienen casi todos los morenistas, pudiera hasta perder su registro, si los estertores de la llamada estafa maestra tienen éxito. Ciertamente. México clama por un caudillo moral, como refiriera Roosevelt, que sirva de ejemplo y de inspiración a todo el país. No por un peleonero, que no aporta una dirección dinámica en el país, como escribiera F. Jorge Gaxiola.

Diciembre 1 de 2020.

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