DE LA INGRATITUD, NUESTRA DE TODOS LOS DIAS

“La ingratitud más odiosa,

pero también la más común y antigua,

es la de los hijos hacia sus padres.”


MARQUÉS DE VAUVENARGUEs.

He visto hijos que se pelean por la herencia de los padres,

pero no he visto hijos que se peleen

por cuidar a los padres cuando estos envejecen.

El mal agradecido

 siempre olvida la mano que lo ayudo

pero la miseria le aclara la memoria.

JOSE CARLOS GUERRA AGUILERA

1.- La sentencia anterior, por llamarle así, es constante; la ingratitud, la desafección, el egoísmo, abunda; muchos de los habitantes de los asilos de ancianos son el ejemplo irrefutable de esto. Los juzgados están abarrotados de hermanos que se odian, hay juicios que tardan dilatándose a propósito, para estorbar y llegan a morir los contendientes, sin solución.

2.- Hay preguntas a los notarios constantes sobre cómo heredar, sobre a quién heredar, y en donde salen los odios al yerno, a la familia política. Cuando me preguntan, a veces les leo la siguiente anécdota:

Don Beto

cómo le va con los audífonos nuevos que le puse?

Muy bien doctor ahora escucho estupendamente

y su familia que dice

Nada aun no les he dicho,

pero ya cambié mi testamento cinco veces.

3.- A veces recomiendo la donación, pero con la advertencia de que, a veces, algunos donatarios hasta les cambia el modito de caminar, sonríen y entienden.

4.- La verdad es que tenemos mucho, otros tienen ciertamente mucho más y esperamos que ellos se den, pero a veces nosotros, ni siquiera las migajas damos, damos sonrientes lo que nos sobra, lo que nos estorba.

5.- Necesitamos ver lo que la pandemia arrastra: montones de muertos, enfermos solitarios, familiares mendigando para medicinas caras, escasas o ausentes. Desempleados. Fabricas cerradas o en paros. Repito: las pandemias y las enfermedades ponen de relieve las debilidades estructurales de los Estados. Estamos en los últimos lugares de atención a la salud. Reitero: lo poco que podamos hacer, en nuestra fragmentada individualidad, sea, auxiliar más, al próximo y al prójimo, aun encerrados. La incertidumbre que nos inunda no debe sofocarnos, apelo a la fecunda imaginación para crear soluciones; invoco también a la verdadera esperanza, más cuando somos sordos e insensibles. Que doloroso es todo esto.

Febrero 22 de 2021

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