Continuamos por los caminos del México precolonial y colonial

Parte 5

Entre los Mayas, los comerciantes denominados Ah ppolom yoc, estaban bajo la advocación de Ek Chuah, Dios del Cacao, producto que se utilizó en Yucatán y América central como moneda, sus famosos caminos blancos, maravillaron a los españoles.

Antes de emprenderse una larga expedición, entre los Aztecas, se preparaban caravanas, se escogían los días prósperos, según los agüeros, se invocaba a los Dioses y se hacían sacrificios de animales, en los caminos había chozas, especia de paradores, donde se refugiaban los viajeros, cuando entraban a tierra extraña se armaban y levantaban sus estandartes, el transporte se hacía por medio de cargadores humanos llamados Tamemes, quienes caminaban de uno a uno, pues aunque la rueda ya era conocida, inexplicablemente sólo se utilizaba en juguetes.

En las ciudades principales había mercados ‟tianquiztli” (Tianguis), y algunos eran tan importantes, que cuando Bernal Díaz del Castillo, estuvo en Tlatelolco lo calificó como ‟tan grande como dos veces la plaza mayor de Sevilla” y a él concurrían miles de personas a comerciar, las caravanas llevaban organización militar y como estaban armadas eran verdaderos ejércitos, en Tlatelolco una caravana Azteca no sólo resistió un sitio de tres años, sino que acabó por tomar la Plaza.

Los comerciantes abrieron los primeros caminos terrestres, algunos estuvieron bien trazados, de acuerdo con los accidentes naturales, clima y otros factores, que los españoles los conservaron durante la colonia y posteriormente, en los tiempos modernos sirvieron como base a los primeros ferrocarriles y a las actuales carreteras, por ejemplo: el que viniera de la mixteca y quería ir a Teotihuacán seguía muy de cerca la que es ahora la carretera de Tehuacán a Puebla, rodeando después de los volcanes, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl del lado oriente y atravesando el estado de Tlaxcala, para finalmente llegar a su destino, pero querían ir al mercado de Tlatelolco, tomarían el camino entre los volcanes para penetrar el valle de Tenochtitlan, la misma ruta que tomó Cortés en su recorrido, este camino entre los dos volcanes usado todavía por los habitantes de Amecameca para visitar la feria de Cholula.

El viejo camino indígena a Acapulco, se utilizó durante toda la colonia para transportar mercancías de las Naos de China, y el de Veracruz, puerta de entrada para los virreyes de la Nueva España.

En la otra zona de gran cultura y comercio, la maya, el llamado ‟Camino Real” originalmente indígena , fue luego la ruta que siguió el Ferrocarril Mérida-Campeche, y posteriormente, asiento de la carretera costera del golfo, en este tramo, el camino fue muy usado en la antigüedad, porque era el acceso a uno de los más importantes santuarios mayas, la Isla de Jaina, Chichén Itzá, Cozumel e Izamal fueron también grandes centros religiosos a los que iban muchos peregrinos, motivo por el que se convirtieron en importantes mercados, análogos a los de Xicalango, Champotón y Tabasco, otro centro comercial fue Itzamkanac capital del cacicazgo de Acalan, Campeche, escala en la ruta de Xicalango a Honduras, ruta que pasaba por Zinacantán, Alta Verapaz, Guatemala, y en el altiplano, Teotihuacán ‟la ciudad de los dioses” fue también un centro importante de peregrinaciones religiosas entre los Toltecas, como luego lo fue la gran Tenochtitlan en tiempos posteriores.

Por mar, los viajes comerciales eran de mayor alcance y más rápidos, porque encontraban menos dificultades, Colón en su cuarto viaje, en 1502, encontró cerca de Guanaja, Honduras, una gran canoa que llevaba mercaderes procedentes de la Zona de Yucatán, la canoa portaba cacao, cuchillos, hachas de piedra transparente atadas a un mango de madera dura y bien pulida, lanzas, mantas de algodón de muchos colores, cascabeles de cobre, loza de cocina y ceremonial, ídolos de barro, madera, piedra y cal, pieles, frutas, maíz y vainilla, lo que prueba la amplia gama de productos que comprendía el comercio maya y el lejano perímetro de sus operaciones navales.

Aunque había oro en México, nunca llegaron a explotar las minas y la poca cantidad que se obtenía, era extraída de los placeres de algunos ríos, sin embargo, Moctezuma Xocoyotzin hizo gala de sus tesoros ante Cortés.

Con base en estudios sociológicos y antropólogos se cree que el metal provenía de América del sur, probablemente, de Colombia y Perú, y penetraba por los actuales estados de Guerrero y Michoacán, se sabe también que Nicaragua tributaba oro a Moctezuma, enviado vía Yucatán, de Oaxaca y otros sitios mexicanos era remitido también a Tenochtitlan, el oro encontrado en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá provino de Panamá, pruebas todas, del amplio comercio y tráfico del preciado metal.

El cronista de las Indias, Alonso de Herrera, relata que cuando Cortés —a quien entrevistó en España después de la conquista de México— pidió a los señores de Tabasco y Xicalango ser guía para su recorrido por aquellas tierras del sur, fue puesto en contacto con mercaderes quienes le mostraron un lienzo tejido de algodón con el camino pintado

‟hasta Naco y Nito en Honduras y hasta Nicaragua, poniendo la gobernación de Panamá, con todos los ríos y poblaciones que había de pasar y las ventas a donde ellos hacían sus jornadas, cuando iban de ferias”.

Aunque los viajes por mar se hacían costeando, los recorridos eran largos y así era frecuente que las embarcaciones de los Mayas, llamados los fenicios de América llegaran hasta Guatemala, Honduras y Panamá, por tierra, las caravanas cruzaban toda la Península de Yucatán, Guatemala, Honduras y Tabasco, precisamente Cortés utilizó guías de Acalán en su viaje a Hibueras, Honduras, para castigar la insubordinación de Cristóbal de Olid.

Las principales rutas Mayas eran las siguientes: la que venía de la Altiplanicie hasta Xicalango, iba por la costa del pacífico y llegaba a Guatemala y el Salvador, otra de Xicalango por Acalán, Petén Itzá, Guatemala, para continuar luego a Honduras y Nicaragua, una ruta costera se extendía desde Tabasco hasta el frente de la Península de Yucatán y otra más, bajaba por la costa de la Península hasta Guatemala.

Fernando Diego de Landa, el principal cronista de los Mayas dice de ellos ‟el oficio en que más inclinados estaban es la mercadería, llevando sal y ropa, a tierras de Ulúa, Veracruz y Tabasco, trocando todo por cacao y cuentas de piedra que era su moneda”.

Los principales productos y materias primas de la región Maya fueron: plumas, miel, sal, cacao, pedernal, cobre, oro, copal, pieles, turquesas, jade y mariscos, que gracias a los mercaderes y rutas establecidas por mar y tierra, pudieron ser disfrutadas en la gran Tenochtitlan.

Aunque como hemos dicho, el transporte y el traslado se hicieron a pie, los señores y personas importantes a veces los hacían en andas y en hamacas; en Jain, ha sido encontrada una figura que muestra a una mujer sostenida en un mecapal y con las piernas entre los brazos del cargador, también usado para cruzar ciertas montañas en los estados de Puebla y Veracruz.

El explorador John L. Stephens, quién visitó Yucatán y Centroamérica en la cuarta década del siglo XIX, relata cómo fue conducido en una silla que luego fue puesta en hombros del cargador, por la orilla de un abismo de 300 metros de profundidad, con el consiguiente temor del viajero, Stephens salió bien librado del trance y aún pudo relatar para la posteridad sus interesantes aventuras, que dieron a conocer al mundo los grandes tesoros arqueológicos Mayas, perdidos en las selvas peninsulares.

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