Brevísimos apuntes históricos de las sequías en Guanajuato 3

José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Cronista municipal de Guanajuato

En las anteriores entregas nos referimos a las sequías del siglo XVIII y XIX. En el primer caso anotamos algunos aspectos destacados como la construcción de la presa de la Olla entre 1741 y 1749 que vino a resolver, en gran medida, el problema de la falta de agua. Desde entonces, hace ya 272 años, los guanajuatenses celebramos con singular alegría las buenas temporadas de lluvia en el marco de la celebración a San Juan Bautista y la apertura de la presa de la Olla. Cerramos ese siglo con la noticia de la inauguración, el 16 de julio de 1791, de una segunda presa, la de los Pozuelos.

Por lo que respecta al siglo XIX, anotamos más de 10 sequías y algunos acontecimientos importantes para nuestra ciudad, referimos también que 1852 fue trascendental porque comenzó a operar el sistema de distribución de agua a través de las fuentes que se instalaron en la ciudad, como la dedicada a Nuestra Señora de Guanajuato que estuvo en la plaza Mayor y que ahora luce y engalana la plazuela del Baratillo. Debemos añadir que fue también en 1852 cuando quedó concluida la presa chica conocida como de San Renovato que, además de almacenar agua, tiene la función de reducir el impacto que puedan generar las aguas broncas que descienden a la cañada.

También comentamos como en 1894 se comenzaron a clausurar algunos despachos de agua que fueron sustituidos por la red de hidrantes que surtían de agua de la presa de la Esperanza a la población. La nueva presa fue inaugurada oficialmente el 16 de septiembre de 1894.

En esta ocasión cerraremos estos brevísimos apuntes históricos sobre las sequías en Guanajuato con algunas referencias del siglo XX, siempre con el propósito de llamar la atención y generar conciencia sobre la importancia de cuidar el agua y aprovecharla racionalmente. Construyamos todos juntos una nueva cultura del agua.

A principios del siglo XX y hasta entrada la década de los treinta, el principal problema que se tenía en relación con el agua era el de la falta de potabilización de la misma, por lo que en 1933 se iniciaron algunas acciones para reducir el número de infectados por consumir agua no potable y para atender la queja recurrente de que en ocasiones salían de las llaves animales raros y microorganismos como infusorios.

En 1934 se modernizaron los antiguos filtros de arena y se instalaron filtros mecánicos que purificaban con cloro. Las décadas de los treinta y los cuarenta fueron de crisis económica para Guanajuato que no tenía suficientes actividades para dinamizar su economía ya que la minería atravesaba una crisis.

La primera de las sequías importantes del siglo XX la ubicamos hacia 1946 cuando en el mes de octubre el Comité Pro-Economía del Agua lanzó la voz de alarma al anunciar que la presa de la Esperanza tenía agua para pocos meses. La lluvia había sido irregular y fue necesario suspender el servicio de agua por unos días, es decir, se implementó el sistema de tandeo.

Luego en 1949 se vivió una circunstancia similar por lo que se dispuso que todos los martes el servicio de agua sería suspendido por completo, en esta ocasión la situación se aplicó también en 1950 cuando se pidió a la población no regar las banquetas. El servicio de agua se interrumpió los martes como referimos y los domingos. El racionamiento de agua se extendió hasta 1951, en diversas partes del centro de la república se experimentó esa prolongada sequía que venía acompañada de temperaturas que superaban los 30º.

Debemos destaca que desde 1949 el gobernador José Aguilar y Maya había impulsado la construcción de la presa de la Soledad, las obras comenzaron en 1953 y la presa fue inaugurada el 21 de agosto de 1955. La nueva presa vino a aliviar de nueva cuenta por algún tiempo el problema de la escasez de agua. A propósito de ello en 1956 se establecieron nuevas tarifas mensuales por pago de agua, mismas que iban de los $6.0 las más económicas hasta los $20.0 las más elevadas.

Guanajuato en ese periodo era considerado uno de los municipios más pobres entre los más pobres puesto que no contaba con fuentes propias de ingresos y el presupuesto que se le asignaba era muy bajo. A pesar de ello se comenzó con la renovación de la vieja tubería que conducía el agua a la ciudad desde las presas de la Soledad y la Esperanza.

Hacia 1961 el agua estaba bajo el control de la Secretaría de Recursos Hidráulicos y por decisión de la dependencia se comenzaron a cegar y, en algunos casos, quitar los emblemáticos hidrantes que servían para que muchas familias se surtieran, gratuitamente, del vital líquido en detrimento de la economía de muchos guanajuatenses.

1969 fue un año en el que el fantasma de la sequía se hizo presente y la población de la ciudad acudió a las compuertas de la presa de la Esperanza a celebrar una misa con el abad Timoteo Ríos Armas y a pedir un buen temporal. La sequía no fue tan severa, pero en 1970 se perforó un pozo para abastecer la zona de Marfil.

En 1972 llovió poco y en 1973 no se presentaba la lluvia en el tiempo acostumbrado por lo que hubo problemas de abastecimiento de agua a diversas zonas de la ciudad como el barrio de San Cristóbal, Peñitas, Positos y Potrero, en donde además se habían clausurado los hidrantes. El problema fue mayor para quienes no contaban con recursos para conducir la tubería individual hasta sus hogares.

Los problemas se agravaron en 1974, para resolver parcialmente la problemática se decidió levantar 7 metros más la cortina de la presa de la Soledad, aunque no fue una obra fácil debido a ciertas complicaciones geológicas. En ese año se continuó también con la exploración de algunos pozos que pudieran ayudar a complementar las necesidades de agua de la población. La falta de lluvias se prolongó hasta agosto y, el día 17 de ese mes, el padre Gabriel Torres (de grata memoria) celebró una misa en la presa de la Esperanza para rogar por el buen temporal, los guanajuatenses acompañaron al padre Gabriel en sus oraciones y la lluvia, llegó.

En 1976 se determinó que por efecto de las obras de elevación de la cortina de la presa de la Soledad algunas partes del poblado de Santa Ana quedarían invadidas por las aguas.

A finales de mayo de ese mismo año las presas estaban en su nivel más bajo desde hacía muchos años por lo que el gobierno municipal inició una estricta vigilancia del uso que se le daba al agua para evitar cualquier desperdicio. Guanajuato tenía por entonces unos 55 mil habitantes y el temor de la sequía se apoderó de la población que acudió multitudinariamente a la misa que celebró en la presa de la Esperanza, Monseñor Eleazar Martínez.

Llegó 1980 con una sequía más, en esa ocasión el racionamiento se extendió a tres días semanales y se pospuso la tradicional apertura de la presa de la Olla. Entonces, en agosto, el ingeniero Edgardo Meave Torrescano, presidente Municipal, hizo un enérgico llamado a los guanajuatenses para ahorrar hasta la última gota de agua, toda vez que las presas de la Soledad y la Esperanza si acaso tenían agua para 90 días y se consideraba difícil que, aunque lloviera, se pudieran llenar.

Justo fue esa etapa cuando se comenzó la exploración para lograr el abasto de la presa de la Purísima o de una batería de pozos cercana a la misma. Por fortuna las lluvias se presentaron a mediados de agosto y en septiembre.

En 1983 los guanajuatenses vivimos una terrible sequía, al parecer los niveles de precipitación habían disminuido y el suministro de agua no alcanzaba a llegar a algunas zonas de la ciudad. Se comenzó a utilizar un servicio de pipas y los trabajos para perforar y operar algunos pozos se habían iniciado, como referimos, desde 1979 y 1980.

La lluvia fue escasa y los niveles de las presas disminuyeron sensiblemente, se presentaron algunas fallas en la presa de Mata y solo estaba activo un pozo de la batería de puentecillas, el número 3. La crisis y el nerviosismo aumentaron, pronto se puso en funcionamiento el pozo número 2, pero seguía siendo insuficiente.

El presidente Municipal Rafael Villagomez, los clubes de servicio, los empresarios y la sociedad civil se dieron a la tarea de implementar una estrategia para surtir el agua con pipas en toda la ciudad. La preocupación se vivía en todos los sectores, los bomberos voluntarios de Guanajuato acarreaban el agua sin descanso.

El gobernador Enrique Velazco Ibarra redobló los esfuerzos para resolver lo más pronto posible el problema de abasto de agua, Petróleos Mexicanos donó la tubería que conduciría el agua a los tinacos de distribución, pero la empresa no era una tarea fácil.

Los vecinos del Cerro del Gallo esperaban desde temprano a las pipas que en ocasiones no llegaban. Se diseñó una estrategia para que las pipas fueran a El Carrizo, Tepetapa, Ladera del Panteón, Pueblito de Rocha, Noria Alta y Marfil. Otro calendario para Municipio Libre, Hoyos cColorados, Calzada de Guadalupe, Cerro del Gallo, Jalapa y Jalapita y todas las zonas de la ciudad. Se trataba de un verdadero plan de emergencia para evitar el cierre de escuelas desde las primarias hasta la universidad, se redujo la presencia de turismo y hubo un sensible descenso de las actividades comerciales, el panorama era sombrío.

La sectorización de la distribución del agua fue apoyada por el Ayuntamiento que respaldo al Comité Pro-Abastecimiento de Agua y se veía el ir y venir de pipas de la SAHOP, de CFE, y de particulares. La gente comenzaba a deambular por las calles con algunas cubetas para tomar agua de la primera pipa que encontraran, la desesperación se estaba apoderando de los guanajuatenses.

En mayo por fin llegaron las lluvias y se anunciaba el inicio de las pruebas de las válvulas para poder dotar a la ciudad con agua de la batería de pozos de puentecillas. El ingeniero Meave Torrescano refería que “la ciudad de Guanajuato ya hubiera sido evacuada para estos momentos…” y hacía énfasis en el arduo trabajo desplegado por el gobierno de Enrique Velasco Ibarra, el municipio y todos los que contribuyeron al estudio preliminar para ubicar los pozos, perforarlos, hacer las pruebas dinámicas, elaborar y llevar a cabo el proyecto del sistema de transportación en una distancia de 20 kilómetros y con un desnivel de más de 300 metros, en la construcción de los nuevos cárcamos y tanques de distribución y todo lo que hasta la fecha nos sigue salvado de una terrible sequía.

En junio se comenzó a regularizar el servicio, aunque ocasionalmente se presentaban complicaciones por los cambios de presión y otras complicaciones técnicas. Esa fue sin duda una gran obra de los ingenieros guanajuatenses.

En 1988 vivimos otra sequía que por fortuna logró sortearse mediante un cuidadoso consumo de la población, todavía era posible ver como algunos hidrantes seguían funcionando. En ese mismo año se realizó parte del tendido de tubos para conducir el agua de la presa de Mata a los filtros. Ese año también se pospuso la apertura de la presa de la Olla por falta de lluvias.

Hasta aquí dejaremos este viaje por algunas de las sequías más importantes que ha vivido nuestra ciudad, cuidemos el agua y hagamos las mejoras necesarias en nuestros hogares para evitar fugas y desperdicio del vital líquido.

J.E.V.A.2021. JUNIO 11.

Relación de imágenes publicadas:

1.- Litografía El aguador. Dibujada por H. Iriarte. Tomada de Los mexicanos pintados por sí mismos. Archivo.

2.- Un aguador entre los callejones de Guanajuato. Fotografía de archivo

  1. La fuente de la plazuela de los Ángeles. Imagen de archivo.

4.- La fuente en el jardín reforma. Fotografía de archivo.

5.- La población abasteciéndose del agua que transportaban las pipas en 1983. Fotografía tomada del libro. El Agua en la ciudad de Guanajuato: problema de siglos. Proyecto Puentecillas 1983.

 

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