Brevísimos apuntes históricos de las sequías en Guanajuato 1

José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Cronista municipal de Guanajuato

El momento actual nos presenta un gran reto como sociedad, la escasez de agua. En ese sentido debemos actuar de manera racional y responsable y hacer un uso correcto del vital líquido, luego de que la Comisión Nacional del Agua ha confirmado que los municipios del estado presentan un estatus de anormalmente seco. La prioridad que se impone ahora es atender la sequía que estamos enfrentando, ya que 39 municipios del estado han sido declarados con esta condición y, de ellos, algunos han sido declarados en sequía extrema.

El asunto de la carencia de agua en Guanajuato no es nuevo, podemos decir que se trata de una situación que históricamente se ha presentado en el territorio estatal de manera recurrente, por ello debemos fortalecer la cultura del cuidado del agua entre todos los que vivimos en esta región y en los establecimientos que por sus características requieren de importantes cantidades de agua para su óptimo funcionamiento.

Haciendo una consulta en el tomo primero del Diccionario Enciclopédico de Historia, Biografía, Mitología y Geografía, de Luis Grégoire, editado en París en 1892, encontré en la página 1029 la referencia a nuestra ciudad que dice:  “…Guanajuato o Santa Fe, la cap; a 250 kil. N.O. de Méjico, y a 2418 metros de altura; está bien construída, pero de una manera irregular, en medio de minas de plata (Valenciana, Rayas, Santa Anita, etc) Esta ciudad fue fundada en 1554; y sufre por falta de agua, 63, 000 habitantes”.

La poca disponibilidad de agua ha quedado registrada en la historia de Guanajuato desde sus orígenes, aunque han llegado a nuestros tiempos algunas noticias de lo que ocurrió al respecto en el siglo XVIII y que Lucio Marmolejo, utilizando diversas fuentes, logró integrar en esos datos que nos resultan tan útiles para formar la historia de la ciudad de Guanajuato, las Efemérides guanajuatenses.

Marmolejo refiere, en una efeméride brevísima, que en 1712 se experimenta una grande escasez de lluvias y prosigue con una noticia fechada el 6 de julio de 1713, casi un año después, para exponer que continúa la falta de lluvias en mayores proporciones que el año anterior, siendo ese día cuando cayó el primero y casi único aguacero. Nos dice también que… “la multitud corría regocijada y ansiosa a los arroyos a proveerse de agua, pero conseguían poco, porque la absorbía la tierra casi instantáneamente no siendo suficiente para alcanzarla, después de algunas horas de pasada la lluvia, el abrir pozos profundos en los mismos arroyos. Después de esto casi no volvió a llover”.

La falta de lluvias se dejó sentir por un espacio de dos años en casi todo el territorio de la Nueva España y Guanajuato no fue la excepción. La falta de víveres y la carestía de los pocos que se conseguían provocaron la desesperación y el hambre de la población para dar paso a uno de los episodios más terribles de la historia de nuestro querido Guanajuato.

Lucio Marmolejo insertó en sus efemérides la crónica que elaboró don José Bartolo Álvarez, un vecino que por entonces gustaba de registrar los episodios más notables por terribles que estos fueran, y entre otras cosas su manuscrito nos describe estas terribles escenas:

“…En este año de mil setecientos catorce, estando de Alcalde mayor el Sr. D. Juan de Berra y de Cura el sr. D. José de Abarsuza, se vieron en este reyno de las Indias raros prodigios de hambres porque no llovió el año de 1713, porque no fue Dios servido, y con esto se perdieron las semillas de los campos, los animales se iban muriendo y la gente empezó a enfermar.

Aunque había semillas rezagadas, el dinero estaba muy caro, y se atemorizaban los hombres de ver tantas infamias como usaban los perdidos (inmorales), como monedas falsas, muertes, robos, , muertos que se hallaban tirados por las calles y cerros, que se infiere eran de hambre, doncellas que por buscar el sustento, principalmente del agua, sacrificaban su honor: no daba  uno paso por las calles que no encontrara  las bandadas (grupos numerosos) de esqueletos o muertos  andando, casi armados con el pellejo.  

Estos cadáveres andando se arrodillaban y apenas podían articular palabra, pues no decían otra cosa más de “por amor de Dios que ya expiramos de hambre, socorred nuestra necesidad, señores poderosos” otra lástima era ver a los pobres enfermos que, por su grave necesidad, salían tembelequeando a las calles y plazas, y esto les era causa indudable para recaídas y para su muerte…”

La crónica de Bartolo Álvarez prosigue describiendo como el 14 de mayo llegó un aguacero que mitigo parcialmente los problemas, también habla de la manera en que las personas se apoderaban de los pozos, de los precios de los granos como el maíz y el frijol que estaban tan caros y de tan mala calidad que algunos estaban podridos y los mejores apolillados. Refiere la falta de carne y como los más necesitados acudían a los mataderos a suplicar un pedazo de tripas de los que en otras épocas les tiraban a los perros. Cuenta que algunos llevaban un cacharro para recoger algo de sangre del piso mientras otros se tiraban al suelo a lamerla.

Los animales: perros, coyotes y lobos se acercaban a la población y los que podían los ahuyentaban con palos o piedras, mientras aullaban o ladraban lastimosamente. Los niños se olvidaron de los juegos y solo se ocupaban de pedir para el sustento mientras los mercaderes abusaban elevando los precios de los productos. La crónica completa la puede encontrar en las referidas Efemérides de Lucio Marmolejo.

Avanzando en el tiempo. 1741 fue un año de escasez de agua y de tomar conciencia echando manos a la obra para tratar de resolver ese problema frecuente. Fue gracias a la moción del alcalde mayor Juan Jiménez, se tomó en serio el proyecto para construir un presa en el rancho llamado de la Olla Grande. La obra se comenzó en ese año, pero se concluyo hasta 1749 y vino a resolver en gran medida, por algún tiempo, el problema de la falta de agua en Guanajuato.

Pasaron 34 años en los registros consignados por Lucio Marmolejo para que se consignara una sequía más. 1775 fue el mismo año en que se hizo un solemnísimo recuerdo de la adopción de San Ignacio de Loyola como patrono protector de nuestra, para ello se recabaron las constancias documentales correspondientes en la Catedral de Valladolid (actual Morelia) y, con ese motivo se celebraron espléndidas fiestas en honor del Santo.

Sobre la sequía sabemos que había llegado el mes de agosto y las lluvias no se presentaban por lo que el día 17 se decidió hacer un novenario a la virgen de Guanajuato para implorarle que intercediera ante el creador para que nos mandara la tan necesaria agua de lluvia.

Se celebraron misas cantadas dedicadas a la virgen para pedir que la sequia, con su cauda de escasez, carestía y enfermedades cesara y pudiera continuar la vida con toda normalidad en nuestra población.

Las falta de agua era frecuente y si esta venía acompañada de un periodo de sequia la situación se agravaba, por esa razón el 1 de agosto de 1777 el procurador Francisco Azpilcueta entregó al Ayuntamiento de Guanajuato el proyecto para construir una nueva presa en la Cañada de Ponce, justo en un paraje conocido popularmente como los pozuelos. En enero de 1788 el Ayuntamiento dispuso dar autorización para la obra y se remató, por pregón, la convocatoria para la construcción.

Los peritos Manuel Ventura de la Cerda y Juan Rafael maestros del arte de la albañilería inspeccionaron el terreno y determinaron que era pertinente construir la nueva presa en el sitio. Antes de que comenzara la construcción, en 1782, Guanajuato vivió de nueva cuenta una sequia derivada de haber realizado la apertura de la presa de la Olla fuera de tiempo y como consecuencia se incrementó notablemente el precio de la carga de agua a 3 reales.

En 1790 se presentó otra vez el problema de sequia por la falta de lluvias desde 1789, refieren las noticias que, ante la desesperación, algunas personas consumían peligrosamente el agua que se sacaba de los tiros de las minas.

Cerraremos las noticias sobre las sequías en Guanajuato correspondientes al siglo XVIII, con la referencia sobre la conclusión de la presa de los Pozuelos el 16 de julio de 1791, una nueva obra que venía a complementar el gran beneficio que ya hacía la presa de la Olla y que garantizaría una mayor capacidad de almacenamiento del vital líquido.

En la próxima entrega de estos brevísimos apuntes sobre las sequías en Guanajuato viajaremos al siglo XIX, mientras tanto cuidemos el agua de la mejor manera posible.

J.E.V.A.2021. MAYO 28.

Relación de imágenes

1.- El río Guanajuato en el Camino Antiguo a Marfil.

2.- Plaza Mayor de Guanajuato (Fragmento) Carlos Nebel.

3.- Mapa de Guanajuato en el siglo XVIII

4.- fragmento del Mapa de Rozuela (1750) donde se muestra el área donde se localiza la presa de la Olla

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