Aparición de la diligencia y su desplazamiento por el ferrocarril

Parte 7

* En 1872 Emile Rodiel publicó una guía turística con excursiones a Toluca, Puebla, Pachuca y Cuernavaca

* El 13 de enero de 1879 llegaron a nuestro país los primeros 85 turistas norteamericanos

La aparición de la diligencia fue un gran adelanto en el transporte, porque ella permitió el viaje en forma regular con rutas, itinerarios y tarifas, a sitios determinados.

La diligencia, un carruaje de cuatro ruedas para 6 u 8 pasajeros con el pescante en la parte delantera y en alto, aún que los cocheros iban bien armados y a veces llevaban escoltas para resistir a los facinerosos, muchas veces fueron presa de los mismos, perdiendo entonces los ocupantes de la diligencia todo cuanto traían y en ocasiones… la vida. De esa situación se inspiró Don Manuel Payno, para escribir su famosa novela ‟Los bandidos del río frío”.

Por lo menos, desde la tercera década del siglo pasado los caminos estaban ya transitables, en 1839 llegó a México la Marquesa de Calderón de la Barca, esposa del primer embajador español de nuestro País, quien relata que después de visitar al entonces presidente, general Antonio López de Santa Anna, en su hacienda Manga de Clavo, en Veracruz, el funcionario la envió en carruaje hasta el punto donde debería abordar la diligencia hacía México, la cual describió como ‟un coche nuevo, hecho en Estados Unidos, tirado por diez respetables mulas   y   conducido   por   un   Hábil cochero yanqui”.

El camino de México a Veracruz siguió siendo el más importante, la diligencia hacía el recorrido en tres y medio días, con escalas en Río Frío, Puebla, Perote y Jalapa, para el cambio de caballos y pernoctar, había otra ruta a Tepic, en nueve días, con escalas en San Juan del Río, Querétaro, Guanajuato, San Juan de los Lagos, Guadalajara y Tequila, también había rutas de México a Morelia, en tres días, pasando por Toluca, Maravatío y Zitácuaro y de México a Pachuca, perteneciendo todas a la empresa denominada Casa de las diligencias.

Existían igualmente rutas independientes como las de México a San Juan Teotihuacán, pasando por Tulancingo y Otumba, a Cuautla, con escalas en Ayotla, Chalco, Tenango y Juchi; a Cuautitlán, Tulancingo, de Guadalajara a Ameca y de Tepic a Guadalajara.

También había rutas de diligencias suburbanas, como las que iban de la capital del país a Churubusco, a San Agustín de las Cuevas (Tlalpan) y a Azcapotzalco, existió también el servicio llamado ‟las aceleradas” que consistía en convoyes de diez a doce diligencias a Veracruz, utilizado para carga, cobrando entre un peso y un peso y medio, como flete la arroba de mercancías, la mayor parte de las rutas de pasajeros tenían su estación en algunos de los mesones de la ciudad, como en Veracruz el Hotel Diligencias.

Las diligencias llenaron toda una época independiente del siglo XIX, el advenimiento del Ferrocarril, que anunciaba la era del transporte mecánico y que se iniciaba con la locomotora de vapor, fue dejando atrás la diligencia que desapareció en los finales del siglo XVIII   “el Siglo de las Luces”

Fue en aquella época que se tiene noticia de la primera excursión organizada que vino a nuestro país, era un grupo de 85 viajeros norteamericanos que llegó a Veracruz el 13 de Enero de 1879, saliendo a la Ciudad de México el día 14, donde fueron objeto de múltiples atenciones.

Años antes, en 1872, Emile Rodiel, corresponsal de periódicos norteamericanos y alemanes, publicó una guía turística de la Ciudad y del Valle de México, con excursiones a Toluca, Puebla, Pachuca y Cuernavaca, en la que, además, el autor aconsejaba al turista regatear los precios antes de comprar y mantener un buen humor a pesar de los percances que pudieran sufrir.

La primera concesión de Ferrocarril fue otorgada por Santa Anna en 1837, sin embargo, fue hasta el 16 de septiembre de 1850, cuando se abrió al público la primera línea ferroviaria de 13 kilómetros entre Veracruz y Río San Juan.

El 4 de Julio de 1857, el Presidente Comonfort inauguró el tramo México a la Villa de Guadalupe, y el 1 de enero de 1873, el Presidente Lerdo de Tejada, inauguró el ferrocarril Mexicano México-Veracruz, posteriormente fueron dadas muchas concesiones que luego se cancelaron por falta de aplicación.

En 1880, el Presidente Manuel González, anuncia la construcción de diferentes líneas y en 1884, al dejar el gobierno el General González, existían 49 ferrocarriles con 5,897 kilómetros de rieles, para 1892, 10,233 kilómetros y al final del siglo XIX, terminó con una red ferroviaria de 16,387 kilómetros.

Por mar, en el siglo XIX, después de la Independencia, nació el tráfico de cabotaje entre los puertos del Golfo y en menor importancia en los del Pacífico, algunos ríos navegables comenzaron a surcarse, para carga y también para pasajeros, y en el aspecto internacional fueron frecuentes los arribos de buques extranjeros a puertos nacionales, aunque hubo también rutas fijas, como la de la World Line que hacía la comunicación de Progreso y Veracruz con el viejo continente.

Paralelamente al desarrollo de los transportes, fueron instalándose, los establecimientos de hospedaje, el mesón es el antecesor del hotel.

Hay noticias que desde el 1 de diciembre de 1525, recién fundada la ciudad de México, el cabildo otorgó la primera licencia, solicitada para el establecimiento de un mesón, años más tarde el Ayuntamiento de México señaló una calle especial para las hospederías, que se han conservado hasta hoy, con el nombre de Mesones.

Los clásicos mesones se situaban en las afueras de las poblaciones, instalados en amplias casas de dos o tres patios, en la parte alta del primer patio, estaban las habitaciones destinadas a los huéspedes que pagaban un real por cuarto con una o dos camas y una mesa; en la parte baja había cuartos para criados y acompañantes. En los patios interiores se situaban los cuartos para los arrieros, depósito de equipajes y sitios para las bestias, incluyendo pesebres y abrevaderos.

Los mesones eran atendidos por las propias familias propietarias, quienes tenían la obligación de ofrecer ropa de cama limpia, la licencia también les permitía vender pan, vino, queso y carne, fijando aranceles especiales para proteger a los viajeros, y así surgen los primeros prestadores de servicio, el esposo administraba, la esposa poseía las llaves y hacía la limpieza y los hijos servían alimentos y por las tardes bailaban para entretener a los viajeros.

Posteriormente en 1526, se estableció otro mesón en Perote, Veracruz, en 1527 en Cholula y en 1530 dos más en el camino a Oaxaca.

Los religiosos y personas importantes se alojaban en casas y mansiones particulares, de los cuales siempre había una que les brindara hospitalidad, y en algunos conventos, como el de Chalma existía una hospedería anexa para alojar a las personas influyentes que visitaban el Santuario.

Los alimentos se sirvieron primeramente en los mesones, luego aparecieron las fondas, ya en 1778, el bachiller Juan de Viera, afirmaba que los forasteros que llegaban a México ‟comían en las fondas de la plaza mayor, para evitar el alto costo que se hacía en los mesones”.

Durante la época colonial los mesones proliferaron, hubo muchos que adquirieron fama y tradición y que se conservaron hasta mediados del siglo XIX como el Balvanera, El Ángel, Santo Tomás, El Chino, Regina, San Pedro, San Pablo, Nuevo México y Santa Ana.

En el hotel Ceballos, de Córdoba, Veracruz, el 28 de Agosto de 1821 se firmaron los célebres tratados sobre la independencia de México entre Iturbide y O´Donojú, y antes de terminar la centuria ya existían varios hoteles accesibles y cómodos para los viajeros, como el Iturbide, Jardín, San Carlos, Guilov, Americano, Del Bazar, también surgen restaurantes de categoría a los que concurría la aristocracia porfiriana y diplomáticos, entre los que se recuerdan, El Alemán, El Café Anglais, Madame Recamier, la Concordia, etc.

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