Agradece el cardenal Re lo vivido en 2020; por malestares físicos, el Papa no presidió el Te Deum

Ciudad del Vaticano, diciembre 31 de 2020.-

El cardenal Giovanni Battista Re, Decano del Colegio Cardenalicio, presidió la tarde del 31 de diciembre, el Te Deum para agradecer lo vivido durante el año que está por terminar.

Giovanni Batista Re dio lectura a la homilía que el Papa Francisco había preparado para esta ocasión, pero por malestares de salud no pudo presidirla.

“Esta noche damos espacio para la acción de gracias por el año que está llegando a su fin” y aunque esto parece “forzado, casi chocante” en el contexto de un año marcado por la pandemia, más aún, hay personas que se preguntan: ¿cuál es el significado de un drama como éste?, dijo el cardenal.

Insistió en que no hay que apresurarse por responder, pues “La respuesta de Dios sigue el camino de la encarnación, como la antífona del Magníficat pronto cantará: “Por el gran amor con que nos amó, Dios envió a su Hijo en carne de pecado”.

El cardenal Re, seguidamente presenta aquellos rasgos que no son los del Dios, Padre de Jesús y Padre nuestro: “Un Dios que sacrificaría a los seres humanos por un gran proyecto, aunque fuera el mejor posible, no es ciertamente el Dios revelado en Jesucristo (…) Dios es Padre y pastor, y ¿qué pastor renunciaría a una sola oveja, pensando que mientras tanto le quedan muchas otras? No, este Dios cínico y despiadado no existe”.

A continuación, nos recuerda los rasgos propios del Dios de Jesús: “Dios es Padre, “Padre eterno”, y si su Hijo se hizo hombre, es por la inmensa compasión del corazón del Padre”.

Otro rasgo de nuestro Dios es la compasión, para ello cita al evangelista Lucas (10, 25-37): El samaritano, movido por la compasión, se inclinó sobre el desconocido, tratándolo como a un hermano, y lo cuidó, haciendo todo lo posible. Este hecho permite encontrar al menos un sentido de la pandemia: “el de despertar en nosotros la compasión y provocar actitudes y gestos de cercanía, de cuidado, de solidaridad, de afecto”.

Sucede en Roma y el mundo

“Hay tanta gente que, sin hacer ruido, ha tratado de hacer más soportable la carga de la prueba. Con su compromiso diario, animados por el amor al prójimo, han cumplido con las palabras del himno Te Deum: “Cada día te bendecimos, alabamos tu nombre para siempre”. Porque la bendición y la alabanza que Dios más aprecia es el amor fraternal” afirmó el cardenal Re.

“Lo mismo ocurre con los trabajadores de la salud, enfermeras, voluntarios (…) líderes y profesores de escuelas”, añadió Re, y prosiguió: “Pero esta noche nuestro agradecimiento se extiende a todos aquellos que se esfuerzan cada día por llevar adelante sus familias y su servicio al bien común de la mejor manera posible”.

Esto no puede suceder sin la gracia de Dios

“Todo esto no puede suceder sin la gracia, sin la misericordia de Dios” insistió el purpurado., quien subrayó que lo casi natural es que nos protejamos a nosotros y a nuestros seres queridos, sin embargo, “¿Cómo puede ser posible, entonces, que tanta gente, sin otra recompensa que la de hacer el bien, encuentre la fuerza para preocuparse por los demás? ¿Qué los impulsa a renunciar a algo de sí mismos, su propia comodidad, su tiempo, sus posesiones, para dárselo a otros?”

El purpurado responde: En el fondo, aunque no lo piensen ellos mismos, están impulsados por la fuerza de Dios, que es más poderosa que nuestro egoísmo. Por eso le alabamos, porque creemos y sabemos que todo el bien que se realiza día tras día en la tierra viene, al final, de Él. Y mirando al futuro que nos espera, imploramos de nuevo: “Que tu misericordia esté siempre con nosotros, en ti hemos esperado. En ti ponemos nuestra fe y nuestra esperanza”.

El primero de enero, el Papa Francisco celebrará la oración del Ángelus a las 12 del mediodía, hora de Roma.

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