23 de abril

Mañana es el Día internacional del libro. México celebra ese acontecimiento en otra fecha, pero para el mundo es el 23 de abril. Ya en otras ocasiones he comentado en este espacio que la ONU escogió esta fecha por la coincidencia de fallecimientos de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega.

Pero lo importante es el libro. ¿Se ha enamorado de algún libro? Yo sí.

Un amor se recorre por cada rincón, se abraza a cada instante, se percibe su aroma por cada una de sus secciones. Se disfruta su presencia para que sienta lo importante que es para uno… y el libro se entrega totalmente, sin resistencia alguna.

El libro no es un amante, son cientos de amantes. Pues como decía Newton y Einstein, ellos mismos abrevaron de otros muchos grandes autores y sus documentos también los contienen.  Quizá por ello San Agustín aseguró: «Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros».

Por eso tengo muchos amantes, disfrutado de cientos de vidas, recorrido miles de lugares (como Verne), comprendido lo material y lo inmaterial y descubierto el corazón del hombre, como diría Eric Fromm. «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho», sentenciaba Miguel de Cervantes en voz de su personaje Alonso Quijano, el Quijote.

En la antigüedad, tuvieron su origen en tablillas de barro cocido. Después, se transformaron en hojas de diversos materiales ‒incluso piel‒. Primero fueron como pergaminos, gracias a Julio César se usaron por los dos lados y empezó la encuadernación.

El libro es el más fabuloso e importante invento del hombre. Ya lo resumía Jorge Luis Borges, quien imaginaba el paraíso lleno de libros: «De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Solo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria». Gracias al libro, las ideas se lograron multiplicar; los conocimientos se socializaron y las reflexiones profundizaron. Desde la aparición en occidente (porque en China ya existía), la ciencia y la técnica han avanzado una enormidad porque el libro multiplicó las reflexiones, las observaciones, los adelantos, los procedimientos. «Quien tiene la información, posee un gran poder», se dice popularmente.

El intercambio de ideas a la distancia fue posible gracias a los libros. Entonces su producción en serie gracias a la imprenta dio libertad a las ideas, pero en el fondo, en realidad lo que dio fue la libertad al hombre. Lo resumía santa Teresa de Jesús así: «Lee y conducirás, no leas y serás conducido». Porque quien no lee está supeditado a creerle a quien sí lee. Quizá la esclavitud más lamentable sea vivir encadenado a la ignorancia y peor si es por voluntad propia.

Nadie está obligado a leer porque nadie está obligado a ser libre. Quien quiera vivir atrapado en la estrechez de su mundo, tiene el derecho. Pero descubrir nuevos horizontes es lo que define al ser humano. Quien así no se comporta, solo es un ser vivo que no se diferencia de las otras especies.

sorianovalencia@hotmail.com

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